de la verdad;
ni un cenizo marginal,
ni un jorobado transalpino.
Certezas son la gravedad,
una fórmula química
bajo supuestos constantes,
un gol que entra por la escuadra,
un beso que sentiste, o
que el sol no saldrá mañana.
Del sé que no sé nada
al sé que lo sé todo,
del probar, revisar y
triunfar, al revelar,
abnegar y fracasar.
Fuimos derrotados,
despojados de armas ya inútiles
que seguimos blandiendo,
cual trabuco frente a un
potente arsenal atómico.
Antes llamados a perder, aun
podemos retomar la vieja senda olvidada,
impugnando el catecismo
de tristes fracasados del buró
litúrgico enterrado,
mostrando, como décadas atrás,
mostrando, como décadas atrás,
que pensar es hacer,
y hacer es triunfar.
(dedicado a la fuerza laica del cambio)

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