sábado, 1 de agosto de 2015

Soliloquio (II)

Quién apuesta por viejas
tretas
de romántico empedernido;
experimento que hoy salió mal
¿acaso mañana saldrá bien?

Observan las glorias
caer, desvencijadas tras
crueles derrotas, dichosas
pero con tanto que ofrecer...

Revalidamos,
una y otra vez, símbolos,
palabras y acciones, si
no funcionaron ayer, lo harán
hoy, sino mañana, o sino
antier.

Creamos en los nuevos
antiguos, en los viejos renovados;
nuevo que nace viejo y viejo
que se creyó algún día
nuevo. Como si esto
algo tuviera que ver
con ser viejo, con ser nuevo;
para qué buscar el éxito
si ya somos los buenos.

Soliloquio

Quién posee el don
de la verdad;
ni un cenizo marginal,
ni un jorobado transalpino.

Certezas son la gravedad,
una fórmula química
bajo supuestos constantes,
un gol que entra por la escuadra,
un beso que sentiste, o
que el sol no saldrá mañana.

Del sé que no sé nada
al sé que lo sé todo,
del probar, revisar y
triunfar, al revelar,
abnegar y fracasar.

Fuimos derrotados,
despojados de armas ya inútiles
que seguimos blandiendo,
cual trabuco frente a un 
potente arsenal atómico.

Antes llamados a perder, aun
podemos retomar la vieja senda olvidada,
impugnando el catecismo
de tristes fracasados del buró
litúrgico enterrado,
mostrando, como décadas atrás,
que pensar es hacer,
y hacer es triunfar.

(dedicado a la fuerza laica del cambio)